Hay algo particular en un concierto de tarde. El sol de Monterrey todavía pega fuerte cuando el turno vespertino de la Escuela Primaria José María Morelos comienza su jornada, y sin embargo, el miércoles, alrededor de noventa estudiantes recibieron a Fundación Música que Humaniza con una atención y una energía que el calor no pudo opacar.
El programa guió a los estudiantes por obras de Mozart, Beethoven, Pachelbel, Vivaldi, Brahms y Strauss, pero la música fue apenas el punto de partida. Fernando Guajardo fue construyendo con el grupo un vocabulario nuevo: las partes de los instrumentos de cuerda, los nombres de los compositores, las formas musicales que estructuran lo que escuchamos sin que siempre lo sepamos. Los estudiantes prestaron atención con una concentración que, quienes conocen estos conciertos saben, no siempre está garantizada.
Lo que sí estuvo garantizado fue el movimiento. El cuarteto no es un conjunto que se escucha sentado y en silencio — al menos no en manos de Fernando Guajardo. Con el motivo de cuatro notas de la Quinta Sinfonía de Beethoven, los estudiantes descubrieron la percusión corporal: su propio cuerpo como instrumento. Con Martinillo, cantaron en canon junto al cuarteto, persiguiéndose unos a otros en una de las formas musicales más antiguas de la historia. Y con la Polka Tritsch-Tratsch de Strauss, bailaron — porque con esa pieza es difícil no hacerlo.

Pero el momento que nadie en el patio escolar esperaba llegó con Mozart. Mientras Fernando presentaba Eine Kleine Nachtmusik y guiaba al grupo hacia la traducción del título, una estudiante levantó la mano y la dijo en español antes de que nadie más pudiera intentarlo: “Una pequeña música de noche.” Correcto, preciso, sin titubear. En todos los conciertos de este programa, no había ocurrido nunca. Un detalle pequeño, quizás, pero que dice todo sobre lo que puede pasar cuando la música clásica se presenta como algo que vale la pena entender.
Eso es, en el fondo, lo que busca El Cuarteto y el Secreto de la Música: que el secreto deje de serlo. Que Mozart, Beethoven y Vivaldi sean nombres con historia y no solo con fama. El miércoles por la tarde, en la Primaria José María Morelos, un estudiante demostró que lo habían logrado.










